Orden Real y Militar de Nuestra Señora de la Merced de la Redención de los cautivos (Mercedarios)

La Orden tiene su origen en San Pedro Nolasco, con la colaboración de San Raimundo de Peñafort, su director espiritual y canónigo de la Catedral de Barcelona. En la noche del 1 al 2 de agosto de 1218, cercano a los cuarenta años, Pedro Nolasco tiene una fuerte experiencia espiritual. La Virgen María se le aparece, para orientarlo y avalarlo en su tarea de liberación y redención de los cautivos en posesión de los sarracenos, inspirándole la creación de una Orden para llevar a cabo el cometido.

La noticia corrió como un relámpago por Barcelona, enterándose de tal acontecimiento el propio rey Jaime I, quien -según la leyenda- había tenido idéntica revelación.

Definitivamente, el 10 de agosto de 1218 tuvo lugar la fundación solemne, canónica y real de la Orden, dedicada a la Santa Cruz y a Santa Eulalia, en la catedral de Barcelona, ante testigos del pueblo, del reino de Aragón y de la Iglesia. El obispo, Berenguer de Palou, impuso el hábito y la cruz de la catedral a Nolasco, quien emitió su profesión. Jaime I otorgó a la nueva Orden las insignias de la Casa Real de Aragón, elevándola a rango de Orden Militar, armándolos caballeros. Esta cruz blanca sobre fondo rojo y las cuatro barras rojas sobre campo dorado constituyen el escudo mercedario.

Los mercedarios pronunciaban cuatro votos: pobreza, castidad, obediencia, y cuarto: "estar dispuestos a entregarse como rehenes y dar la vida, si fuese necesario, por el cautivo en peligro de perder su fe". Muchos corrieron esta suerte, entre ellos: San Serapio (prisionero, torturado y asesinado), San Pedro Armengol (prisionero y torturado, sobreviviente pero con graves secuelas físicas), San Ramón Nonato (prisionero y torturado, sobreviviente), etc. En su historia constan, perfectamente documentadas, 344 redenciones y más de 80.000 redimidos. La Orden recibe la aprobación Pontificia del Papa Gregorio IX el 17 de enero de 1235, mediante la bula Devotionis Vestrae, recibiendo grandes prebendas y bulas por sus servicios.

Los primeros mercedarios tomaron parte en la conquista de las Baleares en 1229 y en la de Valencia en 1238, siendo llamados por Fernando III de Castilla para la reconquista de Sevilla en el año 1248. En 1265, y para ayudar a su yerno el rey Alfonso X el Sabio a reducir la insurrección de los mudéjares levantinos, Jaime I acude con sus caballeros Mercedarios a reducir a los insurrectos de Alicante y Murcia.

La Orden se extendió sucesivamente: los caballeros reconquistaron tierras de Cataluña, Aragón, Baleares, Sur de Francia, Valencia, así como ciudades tales como Sevilla, Córdoba y Lorca, y plazas fronterizas (Almazán, Soria, Logroño), o ciudades populosas del interior (Toledo, Burgos, Valladolid). También tenían la custodia de las costas contra posibles desembarcos sarracenos. Tras los caballeros llegaban los monjes Mercedarios y construían en los lugares recién reconquistados conventos, hospitales, hospederías, etc. El desarrollo de la orden fue inmediato y se extendió también a través de Francia, Inglaterra, Alemania y Portugal. En el futuro, los monjes Mercedarios serán los primeros en viajar al nuevo mundo, acompañando a Cristóbal Colón en su segundo viaje a América.

En 1317 la orden dejó de ser militar, quedando únicamente su faceta religiosa. Sus caballeros pasaron a integrarse en la orden de Montesa, creada en ese mismo año de 1317 por el rey Jaime II.

 

 

San Pedro Nolasco,

co-fundador de la Orden

de los Mercedarios,

con el hábito de la misma.

Jaime I de Aragón,

co-fundador de la Orden

de los Mercedarios,

quien le otorgó

carácter militar.

Imagen que representa

la aparición de la Virgen de la Merced a San Pedro Nolasco y al rey Jaime I de Aragón.

Escudo de la Orden

de los Caballeros Mercedarios.

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